En julio de 2012, un hombre de 70 años caminó hacia la cancha de entrenamiento de Carrington para iniciar su temporada número 27 al frente del mismo equipo.

Para ponerlo en perspectiva corporativa: imagina a un CEO que llevara 26 años consecutivos dirigiendo la misma empresa, ganando casi todos los años, sobreviviendo a cinco recesiones, tres cambios de tecnología y una decena de competidores que llegaron con cheques en blanco para destronarlo.

Ese CEO existió. Se llamaba Sir Alex Ferguson, y mientras él dirigía al Manchester United, sus cuatro principales rivales acumularon 48 directores generales distintos.

Cuarenta y ocho ellos. Uno él.

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Esta es la historia de cómo se construye consistencia cuando todo el sistema está diseñado para destruirte. Y de por qué es la mejor clase de management que ningún MBA te va a dar.

Capítulo 1: Heredó una empresa en quiebra cultural

Cuando Ferguson llegó al United en noviembre de 1986, no recibió un gigante. Recibió un club que no ganaba la liga desde hacía casi 20 años y que estaba peleando por no descender de categoría.

¿El diagnóstico? Lo que cualquier CEO nuevo teme encontrar:

“Un equipo sin condición física, estrellas que rendían por debajo de su reputación, y una cultura “generalizada de consumo de bebidas alcohólicas”.

En lenguaje de negocios: talento caro, complaciente y borracho de su propio prestigio.

Ferguson no llegó a maquillar el balance. Vendió a los favoritos de la afición, invirtió en gente joven y soltó la frase que todo turnaround necesita:

“Dejé claro que iba a poner fin a la reputación del United de ser casi tanto un club social como un club de fútbol.”

Lección para el Director General: la cultura no se arregla con un memo. Se arregla decidiendo a quién dejas ir, aunque sea popular.

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Capítulo 2: Construyó una cantera, no una nómina de fichajes

Aquí está la decisión más contraintuitiva —y más valiosa— de toda su gestión.

Mientras la mayoría de los managers nuevos hacían lo “seguro” (traer veteranos conocidos para sobrevivir el primer año), Ferguson hizo lo difícil:

“Lo primero que piensa el 99% de los gerentes recién nombrados es cerciorarse de ganar, sobrevivir. Pero creo que es importante crear una estructura para un club de fútbol, no solo para un equipo de fútbol.”

Reconstruyó el programa juvenil de raíz. El United tenía 4 buscadores de talento; Aberdeen, su club anterior, tenía 13. Lo arregló. Y un día reclutó a un niño flaco de 13 años llamado Ryan Giggs, que jugaría toda su carrera bajo su mando.

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En 1995 vendió a tres estrellas queridas y abrió la temporada con un equipo lleno de chavos: Beckham, los Neville, Scholes.

Perdieron 3-1. Un comentarista famoso sentenció en cadena nacional:

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Lección para el CEO: el pipeline de talento interno es el activo más subvaluado de tu empresa. Cuesta paciencia, no se ve en el reporte trimestral, y es lo único que te da consistencia cuando los headhunters te vacían el equipo.

Capítulo 3: El lado humano — “bien hecho” como estrategia, no como cortesía

Ferguson tenía fama de temible. Pero su filosofía de motivación cabía en dos palabras:

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Su secretaria de toda la vida lo describió así: si alguien tocaba su puerta con un problema, lo primero que hacía era girar en su silla y decir “Siéntese, hablemos”. El encargado de los uniformes —no una estrella, el de los uniformes— decía que “sabía cuidar de la gente”.

Él mismo lo llamaba la “atmósfera familiar”: desde el goleador estrella hasta el que lavaba la ropa, todos eran parte valiosa de la organización.

Lección para el Director General: el reconocimiento específico y oportuno es la herramienta de retención más barata y más ignorada que existe. Y el trato que le das al que lava los uniformes define tu cultura más que cualquier discurso en el town hall.

Capítulo 4: El lado duro — el control no se negocia

Ahora la otra cara. Porque Ferguson entendía algo que muchos líderes “buena onda” olvidan:

“Uno no puede perder el control… no puede hacerlo cuando está lidiando con treinta de los mejores profesionales que además son millonarios. Y si alguien se sale de control, está fuera.”

Cuando su capitán, Roy Keane, criticó públicamente a sus compañeros, Ferguson terminó su contrato. Rápido. Sin novela.

Su filosofía sobre los errores era quirúrgica, no cruel:

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Y sabía leer la diferencia entre fallar y no esforzarse. Como dijo un exjugador: “Si pierdes y él cree que diste lo mejor, no hay problema. Pero si pierdes por flojera… ¡prepárate!”

Lección para el CEO: firmeza y humanidad no son opuestos. La debilidad no es ser amable; la debilidad es no corregir a tiempo porque alguien te cae bien. “Algunos clubes han cambiado gerentes tantas veces que eso les da poder a los jugadores en el camerino. Es muy peligroso.”

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Capítulo 5: Gestionar la temporada, no el partido

Cualquiera puede ganar un trimestre. La maestría está en la consistencia a lo largo de 65 partidos al año, durante décadas.

La estrategia de Ferguson para la “temporada larga” era pura gestión de operaciones:

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Y los datos le daban la razón. El United era el club que más veces daba vuelta un partido perdido en victoria o empate en los minutos finales —el famoso “tiempo de Fergie”. ¿Magia? No. Lo entrenaban:

“Practicamos para cuando las cosas se ponen difíciles, de modo que sabemos lo que hace falta para lograr el éxito en esas situaciones.”

Lección para el Director General: la resiliencia bajo presión no es carácter, es preparación. Los equipos que remontan son los que ya ensayaron la remontada.

Capítulo 6: Delegar para ver mejor

Una de sus evoluciones más maduras: con los años, dejó de dirigir los entrenamientos él mismo y se los pasó a sus asistentes.

¿Por qué un CEO renunciaría a estar “en la jugada”?

“Separarme un poco me permite observar mejor a los jugadores. Como entrenador en el campo uno no ve nada.”

Salirse del detalle operativo le dio algo que ningún ejecutivo metido en las trincheras tiene: perspectiva.

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Los errores (porque también los tuvo, y eso lo hace mejor caso)

Ningún líder de 26 años es infalible. Y Ferguson era el primero en admitirlo —otra señal de grandeza.

Lección para el CEO: la diferencia entre un líder bueno y uno legendario no es que no se equivoque. Es que nombra sus errores en voz alta, aprende y no los repite. “No voy a correr los riesgos que corrí en Europa el año pasado.”

(IMAGEN)

El balance final

Los números del “Director General” Ferguson en el United:

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Como lo resumió su CEO, David Gill: “Steve Jobs era Apple. Sir Alex Ferguson es Manchester United.”

El verdadero playbook del Director General

Si destilas tres décadas de Ferguson en lo que aplica a dirigir cualquier empresa:

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Ferguson lo dijo mejor que cualquier consultor:

“Les digo que trabajar arduamente también es un talento.”

Y quizás esa sea la frase que todo CEO debería colgar en su oficina.

¿Tu organización está construida para ganar un trimestre… o para ganar durante 26 años?

Basado en el caso de Harvard Business School “Sir Alex Ferguson: gestión del Manchester United” (Elberse & Dye, 2012).

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